Necesitamos cambiar, avanzar y evolucionar. Cambiar debe ser una obligación para los seres humanos, siempre y cuando, cada cambio nos inste a ser mejores. A ser la mejor versión de nosotros que podemos ser, en ese momento del tiempo.
¿Cuánto he cambiado este año? Ojalá tengas la posibilidad de preguntártelo y mirar a tu “yo” de hace unos años y ver grandes diferencias, espero que hoy sientas que eres una mejor versión de ti mismo.
Cambiar es necesario y no está mal que un día despertemos y queramos otro trabajo, o cambiar de ciudad. No está mal que un día nuestro camino tome un rumbo diferente, por el contrario, la transformación de nuestro camino es aquello que enriquece nuestras vidas.
No somos seres estáticos, nuestras decisiones y sentimientos son móviles. ¡Está bien ser diferentes! Cambiar de opinión, aprender de nuestras experiencias es lo más sano. Transformarnos a nosotros mismo es lo ideal.
No permitamos que voces externas disminuyan nuestras ganas de mejorar nuestras vidas, no dejemos que otros con sus formas estrechas de ver el mundo limiten nuestras ganas de grandeza.
El universo funciona de una manera maravillosa y a medida que tu cambies todo aquello que te rodea cambiará. La vida sola se equilibra y si un día decides llevar una vida diferente el universo te ayuda a encontrar los compañeros para este viaje.
Piensa por un momento en todo lo bueno que puede traer el cambio a tu vida.
Muchas veces nos encontramos frente a alguna encrucijada que nos llena de incertidumbre. Es en estos momentos cuando el reconocer la necesidad de cambio puede abrir la puerta a un mundo de posibilidades. Muchas veces, dar ese paso valiente puede servir para empezar una travesía transformadora.
Una decisión no es nada si no tomas acción en el momento que decides cambiar algo, pues es lo que afirma la intención. Buenas intenciones no son suficientes, hay que demostrar voluntad y cuando realmente decides cambiar, el cambio se manifiesta de adentro hacia afuera.
Explico de manera simple: no es que “el lunes empiezas la dieta”, es que en el momento que te das cuenta de que estás comiendo muy mal, te ves con el tercer helado en la mano y para de una, no lo dejas ni TE dejas para después porque ya te lo has dicho tanto… Si bien está claro que no siempre puedes decidir renunciar y dejar el trabajo ese mismo día, en el momento que estás seguro -después de tantas vueltas- que tienes la intención del cambio, si debes hacer algo por pequeño que sea, una acción que saque esa intención de tu cabeza y que empiece a afirmar lo que ya necesitas y deseas.
Cuando decidimos cambiar algo en nuestra Vida, sabemos que corremos algún tipo de riesgo, e intentamos que sea el mínimo posible aplicando la lógica que en ese momento nos parece más inteligente.
En ocasiones ocurre que querer eliminar al máximo todo los riesgos, es el mayor riesgo de todos. Sobre todo, cuando ese riesgo nos invita a detenernos y a seguir como estamos. Siempre tendremos la excusa perfecta para no hacer nada, aunque, visto lo visto, las excusas no sirven de mucho. Lo que cuenta es la actitud que tengamos, y la determinación que mostremos, para conseguir darle la vuelta a la situación en la que nos encontramos.
El coraje no tiene por qué estar exento de temor. De hecho, el coraje, se experimenta a través del miedo, y quienes más coraje han demostrado también son quienes más miedo han tenido. Al fin y al cabo, tener coraje es sobreponerse al miedo y aprender de él. El miedo puede paralizarnos, aunque también puede impulsarnos. Solamente se trata de dirigir la energía que genera en una u otra dirección.
La verdadera esencia de lo que somos está formada por las experiencias y conocimientos adquiridos en el pasado. Y esa será nuestra gran fortaleza para afrontar el presente y definir nuestro futuro, y todo ello gracias a los riesgos que asumimos, a los desafíos que nos planteamos, y a los miedos que superamos.
La vida se basa en saber gestionar continuamente las dudas, las incertidumbres y las expectativas. La mente está diseñada para hacerlo, y además de ello, y dejando a un lado el riesgo y el miedo, toda nuestra energía está preparada para afrontar cualquier reto. Esos retos que nos harán llegar al lugar donde, aquel día que decidimos cambiar, nos propusimos alcanzar.
El Sendero Conocido
Probablemente estás en un sendero que has recorrido durante años. Cada paso es familiar, pero empiezas a sentir que falta algo. La rutina se ha instalado en tu vida. En este punto, tienes la necesidad de detenerte y observar tu entorno. Es el momento en el que te das cuenta de que, tal vez, lo mejor es explorar nuevas direcciones y desafíos.
Posiblemente llevas años trabajando en la misma profesión. Aunque el trabajo es cómodo, empiezas a sentir que no estás creciendo ni desarrollándote, no te diriges a cumplir tu propósito de vida. Un día, al leer sobre diferentes campos y escuchar historias de personas que han cambiado de carrera con éxito, te preguntas si tú también podrías hacerlo. Ese es el momento de reconocer la necesidad de cambio: es como abrir una ventana a la posibilidad de un futuro más emocionante y satisfactorio.
La Autoevaluación Sincera
Al reconocer que necesitas un cambio, te permites mirar en tu interior con sinceridad. Es tomarte un momento para revisar tus metas, deseos y aspiraciones. Puede ser difícil, pero es esencial para tu crecimiento personal. Esta autoevaluación podría implicar hacer una lista de tus habilidades, pasiones y lo que te gustaría lograr en tu vida.
Una vez que has reconocido la necesidad de cambio, el siguiente paso es tomar acción, sin embargo, en el proceso de cambio, te encontrarás con desafíos. Te enfrentarás a la incertidumbre, el aprendizaje de nuevas habilidades y la adaptación a un entorno diferente. Estos desafíos son como las piedras en el camino, que te obligan a crecer y a descubrir cualidades que no sabías que tenías.
La Recompensa de la Transformación
A medida que superas los desafíos y te adaptas a tu nueva situación, empiezas a cosechar los frutos del cambio. Te das cuenta de cómo has crecido como persona y cómo estás más cerca de tus metas. Podrías encontrarte en un sitio que te apasiona, rodeado de personas que comparten tus intereses. La recompensa del cambio es como la cima de una montaña que alcanzas después de una subida desafiante.
Reconocer la necesidad de cambio es como abrir una puerta a nuevas aventuras. Es un proceso continuo, es empezar una nueva historia que se desenvuelve. Al dar ese primer paso valiente, te permites escribir un nuevo capítulo en tu historia, uno lleno de crecimiento, autodescubrimiento y satisfacción.
Ya has hecho lo más difícil: Reconocer que necesitas un cambio y recuerda que un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo
Es tiempo de cambiar. Vive tu vida
Si quieres cambiar tu vida para mejor, si quieres vivir la vida con la que sueñas, o si simplemente deseas dejar de fumar, hacer ejercicio, leer más, aprender un idioma o lo que sea; sólo hay una cosa que se interpone entre que sea un deseo o que sea una realidad: una DECISIÓN.
Importancia de la toma de decisiones
No puedes conseguir un cambio hasta que no tomes una decisión. Quejarte, arrepentirte, dudar, dejarte llevar por tus miedos, todo eso no te llevará a ningún sitio. Te quedarás igual. Pasarán los años y seguirás igual.
Cuando subyugues tus miedos bajo tu poder de decidir, cuando decidas decidir, cuando digas “empiezo hoy”, es entonces cuando comenzará el cambio. Cuando subyugues tus miedos bajo tu poder de decidir, cuando decidas decidir, comenzará el cambio.
No va a ser fácil. Por supuesto que no.
Decidir es el primer paso, es la batalla entre tus miedos y tus sueños. Cuando empieces a decidir, ganarás esa batalla. Decidir es el primer paso, es la batalla entre tus miedos y tus sueños. Decidir es ganar esa batalla.
Ahora que decidiste cambiar, te sientes más libre y seguro para tomar nuevas y mejores decisiones. No dudes, por tanto, en aprender a pensar mejor y decidir cambiar para vivir como mereces.
Por tu éxito y el mío
Martha
Referencias
José Lorenzo Moreno López
La mente es maravillosa
Desbloquea tu grandeza
Gustavo Escobar
Miastral