Sumergidos en la vorágine en la que transcurre nuestro día a día, nos dejamos llevar por la inercia. En esa inercia no suele estar incluida una actividad importante, la de escuchar los mensajes que nos envía nuestro cuerpo. Además, si clasificamos a estas señales por su grado de importancia, entonces en el piso más alto de la jerarquía se encontrarían aquellas señales que nos indican que necesitamos descansar.
“Yo puedo con eso y más”, nos decimos. Nos sentimos en la obligación de seguir adelante, por amor hacia los nuestros, por sentido de la responsabilidad. Porque así nos sentimos mejores (o eso creemos), porque se supone que es lo que tenemos que hacer (¿quién lo dice?). Porque si los demás lo hacen es lo que tenemos que hacer todos.
Pero, si no paramos “nuestra máquina” por las buenas, es probable que, más pronto que tarde, la máquina pare por sí misma. Parar a tiempo no es un signo de debilidad ni de cobardía, sino una muestra de cordura y amor hacia ti, hacia los que dependen de ti y hacia los que te importan.
Entonces, ¿cómo saber cuál es el momento de parar? ¿Qué señales nos envía nuestro cuerpo para indicarnos que necesitamos descansar?
Algo tan sencillo como parar a tiempo antes de llegar a nuestro límite, nos cuesta porque estamos demasiado ocupados para darnos cuenta de cómo estamos y qué necesitamos, otras veces somos conscientes, pero no nos lo permitimos.
Me encanta esa fábula en la que el leñador nunca para a afilar el hacha porque tiene mucha leña que cortar, ¡qué locura!, ¿no? Pues así nos va, somos nuestra principal herramienta, pero nos cuidamos poco porque no tenemos tiempo.
Qué es saber parar
Tranquilidad, no tengo ninguna intención de decirte que reduzcas tu actividad, si eres una persona activa, seguro disfrutarás de un alto nivel de actividad. Además, gran parte de nuestra actividad es mental, más agotadora, por cierto, que la física, generando incluso una serie de hábitos perjudiciales para nuestra salud física y mental. Con el término aprender a parar me refiero a:
Saber parar es salir del modo productividad
Me atrevería a decir que casi todo cuanto hacemos, es para algo, orientado a un fin y a un resultado: ser productivo. Esto es lo que arrastramos desde la revolución industrial a partir de la cual la máxima es “tanto haces, tanto vales”, llegando a equiparar nuestro valor como personas con nuestros logros. Muchos de los problemas de autoestima y síntomas de ansiedad que me encuentro en mi trabajo tienen que ver precisamente con no cumplir con las expectativas de un entorno social y laboral cada vez más exigente y demandante.
Así que permítete hacer simplemente porque sí, porque te apetece, porque te gusta, porque lo disfrutas, sin necesidad de que sea para algo.
Aprender a parar significa salir de tu mente
Salirte del ruido mental para volver al aquí-ahora. Si crees que tu mente es tuya, te equivocas. Es ella quien nos lleva de un lugar a otro, siempre hacia el futuro o hacia el pasado, sometiéndonos a la tiranía de no saber parar nunca en el presente, el único lugar en el que nos calmamos y donde transcurre la vida de verdad.
Nos somete a vivir anticipando todos los posibles futuros, con el estrés que esto genera, ¿verdad?; o nos deja enganchados a sucesos pasados que ni podemos cambiar, ni volverán. Por esto:
Salir del modo mental es aterrizar en el presente, es parar en nosotros, es APRENDER A PARAR para entrar en nuestra vida.
Implica ponerte un límite
Las tareas y actividades en el día a día pueden ser infinitas, siempre hay algo que se puede hacer, si no surgirá. Por eso, si queremos aprender a parar, es importante que pactemos con nosotros mismos hasta dónde y hasta cuándo, de lo contrario, nos veremos arrastrados por las circunstancias y con sensación de no tener capacidad de decisión sobre nuestro tiempo.
¿Cómo son las señales que indican que necesitamos descansar?
Cuando necesitamos descansar, el cuerpo nos lo suele hacer saber de diferentes formas. Ignorar estas señales no solo no va a acabar con el problema, sino que lo suele agravar más. Estas señales son signos de estrés, de cansancio, de desánimo, de desilusión… que deben ser atendidas.
Si juegas al “hasta que el cuerpo aguante” y no te retiras a tiempo perderás la partida, de una forma u otra.
Si experimentas varios de los siguientes signos es hora de que empieces a pensar en tomarte un descanso, y de paso revisar tu rutina, tus prioridades y tus necesidades reales. Cuanto más identifiques en ti las señales que describimos a continuación, más necesario será que hagas una pausa.
Te sientes cansando, más cansado de lo habitual
Estar cansado debido a un esfuerzo físico o mental prolongado y/o intenso es normal. Lo que no es normal es arrastrar ese cansancio día tras día, durante toda la jornada, desde que empieza la semana hasta que se termina, desde que te levantas hasta que te acuestas.
No puedes aguantar el día sin estimulantes
Ya sea cafeína, alcohol, tabaco, azúcar o cualquier tipo de droga, engañar al cuerpo con estimulantes solo ofrece una solución temporal al cansancio. De hecho, a la larga, hay muchas posibilidades de que lo empeoren. Precisamente por eso cada vez necesitamos una dosis mayor de estos estimulantes para conseguir el mismo efecto.
Te cuesta mucho mantener la concentración
Sea por cansancio o por otra causa, una señal temprana de que es necesario parar un poco es no poder mantener el foco de atención en las tareas que se están ejecutando. El ensoñamiento, la multitarea o la tendencia a procrastinar pueden ser una señal que nos alerte de que estamos trabajando con muy pocas reservas de energía.
Cada vez trabajas más tiempo
Trabajar más tiempo no significa hacer más. Pero cuando empezamos a reducir la productividad debido al cansancio y la dificultad para enfocarnos, de alguna manera sentimos que tenemos que echar más horas para compensar la bajada de rendimiento. Lo malo es que muchas veces ese hacer más se convierte en un estar o en un hacer por hacer, sin que esto lleve a ninguna parte más que al aumento del cansancio.
Siempre piensas en el trabajo
Es curioso que, cuando necesitas una pausa, a pesar del cansancio y del sobreesfuerzo, en realidad no puedes pensar en otra cosa. Incluso cuando puedes descansar, te sientes culpable y, aunque no tengas que ir a trabajar, de algún modo sigues haciéndolo, aunque solo porque estás pensando en ello.
Continuamente estás de mal humor
Muchas veces el cansancio suele ponernos de mal humor. Pero cuando el cansancio es extremo y el cuerpo necesita de verdad una parada, ese mal humor se hace continuo. Si además de estar malhumorado todo el día, tiendes a ser cínico, desagradable, maleducado o grosero, es señal de que necesitas parar.
Tienes problemas para recordar la información
El cansancio y el estrés pueden provocarte problemas para recordar la información más simple. Si ves que con frecuencia olvidas cosas tan sencillas como dónde has puesto las llaves o no recuerdas añadir un ingrediente básico cuando cocinas, confundes cosas corrientes o cambias objetos de lugar, probablemente necesitas un descanso: reiniciar tu mente.
Tu salud está deteriorada
La fatiga continua y el estrés afectan al sistema inmunológico, por lo que la salud se afectada, por lo que te vuelves más sensible a catarros y gripes. También puedes experimentar una subida o bajada de peso preocupante o tener dolores de cabeza o migrañas frecuentes, o incluso tener un aumento del pulso en reposo, lo cual implica un aumento en el riesgo de sufrir enfermedades del corazón.
Cada vez cometes más errores
Todo el mundo comente errores, y no hay nada de malo en ello. Pero cuando estos errores se comenten con demasiada frecuencia, más aún si se trata de errores tontos, es momento de empezar a preocuparse. Porque lo que ahora es un error tonto sin demasiada importancia puede que en algún momento se convierta en algo muy serio.
Parar para descansar, pero también para pensar
Cuando hablamos de tomarnos una pausa, normalmente es porque necesitamos descansar física y mentalmente. Es necesario soltar y airear la mente, liberar el estrés y permitir al cuerpo reponerse. Pero también estamos hablando de parar para pensar, para replantear la situación y analizar qué estamos haciendo, qué nos está pasando.
Para, descansa y piensa qué quieres hacer, por qué estás haciendo lo que estás haciendo y si eso te lleva hacia lo que quieres alcanzar.
Beneficios de aprender a parar a tiempo
Mejora tu regulación emocional
Cualquier emoción que sentimos, tanto las positivas, como las que erróneamente llamamos negativas, nos induce a hacer algo. Por ejemplo, el enfado nos dice que tenemos que poner un límite a algo o a alguien ¡¡DE MANERA URGENTE!!
Aprendiendo a parar tomarás mejores decisiones.
Nada como estar presente en la realidad del aquí-ahora para ver con claridad, y con ello, tomar mejores decisiones. De esta forma somos más capaces de hacer los cambios necesarios o simplemente ACEPTAR aquello que, nos guste o no, es como es, deshaciéndonos de anhelos y expectativas insaciables que sólo nos traen sufrimiento.
Aumenta tu calma mental.
Consecuencia de bajar la exigencia, quitar ruido mental, y habitar un presente mucho más sencillo que lo que la mente trajina, la mente se calma, apareciendo sensaciones de paz y de fluir con el devenir de la vida.
Concluyendo
Me gustaría seguir contándote, y la verdad que el cuerpo me pide darte algunas pautas o cómo se dice ahora, algunos tips, pero no quiero abusar de tu tiempo. Si has llegado con tu lectura hasta aquí, te felicito por haberte dedicado esta pausa para ti, un momento para nutrirte y reflexionar acerca de cómo acercarte a un mayor bienestar.
Por tu éxito y el mío
Martha
Referencias
La mente es maravillosa
Nerea Rodríguez