La danza ha pasado a formar parte del grupo de las artes creativas en psicoterapia. Se aprovecha de nuestra disposición para el movimiento, facilitando de esta forma una vía para la expresión de emociones y sensaciones que por otros senderos no son capaces de materializarse -en el mundo consciente, de una forma que las podamos comprender-.
La vida es movimiento, desde el ciclo vital de la naturaleza hasta las mareas del mar. Movernos conecta nuestra relación con la vida. Cuando nos movemos (actuamos), creamos un puente entre lo que pasa por dentro y lo que mostramos al mundo, dando forma a una danza que revela más sobre nosotros mismos de lo que creemos.
Los rituales de danza han conformado el núcleo donde se centra la vida comunitaria para miles de personas desde la antigüedad. La danza ha marcado las principales experiencias de vida, los ciclos vitales, los ritos de paso e incluso los actos de guerra.
Pensemos que, durante el siglo XX, los conceptos de movimiento y la danza se han desarrollado como especialidad en el campo de la psicología y la neurociencia está aportando muchos datos sobre cómo se relacionan el cerebro y la danza. Cuando una persona baila, varias entidades psicológicas emergen: su guion de vida, la forma en que conecta con el mundo y hasta sus principales áreas de problemas.
La danza es un medio para volver a conectar mente y cuerpo
Expresarse a través de la danza es beneficioso para la mente y para el cuerpo. El solo hecho de bailar produce endorfinas, que además de hacernos sentir bien, ayudan a la concentración y mejoran la calidad del sueño. Aportan energía de afrontar desafíos mentales y emocionales.
Los complementos terapéuticos que se basan en la danza forman parte de la psicoterapia transpersonal. Una disciplina de la psicología que emergió de la psicología humanista centrada en la conexión cuerpo-mente-emoción. A pesar de no estar reconocida por muchos como una corriente válida dentro de lo que podríamos llamar psicología científica, se utiliza ampliamente por en el marco de una terapia como un complemento que potencie los efectos de esta.
Algunas escuelas de pensamiento añadirían que la danza muestra el contenido del inconsciente: fuerzas que motivarían muchos de nuestros impulsos. Por otro lado, el contenido de este inconsciente también se vertería en nuestro diálogo interno, ya fuese para bien o para mal.
La neurociencia de la danza
Los últimos estudios en neurociencia en relación con la danza nos están ayudando a comprender por qué bailamos y cómo el baile puede influir sobre nuestro Sistema Nervioso. Así, una de las principales conclusiones de la investigación llevada a cabo por la Dra. Hanna Poikonen, en la Universidad de Helsinki sobre la sincronización de bailarines, es que los bailarines expertos presentan una sincronización de ondas theta muy significativa. Estas ondas cerebrales están vinculadas a su vez a la sincronización de áreas cerebrales
La danza es un arte. Sin duda, el baile es una forma de expresión que nos ha acompañado desde tiempos inmemorables. Y es que, su contribución en nuestras vidas pasa de ser una fuente de entretenimiento y canalización de emociones, hasta incluso llegar a cumplir un objetivo terapéutico. Pues bailar, involucra una serie de procesos cognitivos, emocionales, físicos y neuropsicológicos que potencian nuestro desarrollo general. Hoy, nos centraremos en las bases neuropsicológicas de la danza.
La música y la danza
Cuando escuchamos una canción, es muy probable que esta nos evoque una sensación o emoción. Ya hemos hablado sobre la música y los procesos cerebrales subyacentes que se activan al empezar a escuchar una melodía. Cuando escuchamos música, le damos una interpretación abstracta y personal, lo que nos permite expresarnos de formas únicas.
Una de estas formas únicas es, precisamente, la danza. Actividad que comienza cuando percibimos emociones a partir de la música.
En primera instancia, el proceso empieza con la activación del sistema nervioso autónomo, que genera una hormona de activación denominada adrenalina.
La adrenalina suele activarse frente a una actividad que nos genera una emoción muy intensa, además, produce reacciones físicas como el aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, transpiración, tensión muscular y dilatación pupilar, entre otros.
Bases neuropsicológicas de la danza: Sistemas motores y danza
Para bailar, necesitamos movernos. En ese sentido, se activan distintas áreas relacionadas al sistema motor. Empezamos por la corteza motora primaria, estructura cerebral en la que, gracias a la conexión de las neuronas, se envían señales hasta la médula espinal, que activan los músculos que, en consecuencia, provocan su contracción y, como resultado, el movimiento.
De hecho, ejecutar el movimiento es la última etapa de este proceso tan intrincado.
Gay-Juárez indica que para coordinar los movimientos de una forma sistemática y organizada necesitamos de la activación de dos áreas de la corteza frontal:
- Corteza premotora: Área cerebral situada en el lóbulo frontal que se activa en la planificación de movimientos y toma de decisiones.
- Corteza motora suplementaria: Permite la realización de movimientos voluntarios del sistema musculoesquelético.
Control postural y equilibrio
Gracias a la práctica de baile, los danzantes mejoran las funciones de control sensoriomotor relacionadas al equilibrio estático y dinámico.
Como resultado, un mayor control de la postura influye con otros procesos sensoriales como la visión, una mayor precisión y sentido de posición.
Control de movimientos complejos
Los bailarines logran optimizar las sinergias motoras, es decir, reducir la energía que implica fuerza y tensión muscular.
De esta manera, se orientan de una forma más precisa para realizar las trayectorias necesarias. Con esto, movimientos como la rotación del cuerpo, piruetas, giros en el mismo eje, alineación de caderas y hombros, capacidad de control de giros y distribución de peso, entre otros, forman parte de los movimientos que se han observado en bailarines profesionales de ballet.
Procesos neurológicos de la danza
El estudio de los procesos neurológicos de la danza es relativamente nuevo. Técnicas como la tomografía de emisión por positrones (TEP) o de resonancia magnética funcional (IRMf) nos han permitido observar aquellas áreas cerebrales que se activan cuando una persona baila.
Así pues, cuando una persona baila, gracias a los movimientos que van acordes a la música, se activan las áreas auditivas. También se activan regiones que permiten la sincronización del ritmo y los patrones especiales, como el vermis del lóbulo cerebelar anterior y los lóbulos cerebelares V y VI, que están implicados en el control del movimiento.
Por su parte, zonas como el lóbulo parietal superior, áreas de Brodmann, corteza premotora, área suplementaria motora y área superior parietal cingulada se activan en el momento en el que empezamos a movernos al ritmo de la música (o incluso cuando no la hay). Posteriormente, el tálamo nos permite integrar toda esta información para poder dar paso al movimiento.
¿Cómo aprendemos a bailar?
Para responder a esta pregunta, estudios como el de Calvo-Merino et al. (2006) han descubierto que el sistema espejo se activa cuando estamos observando a alguien mientras baila. De esta forma, podemos comprender la secuencia motora de una rutina determinada.
Asimismo, en dicha investigación reportan que se produce la activación de la corteza premotora izquierda, el cerebelo y la corteza interparietal bilateral.
No se debe dejar de lado algunas funciones cognitivas predispuestas para dicho aprendizaje como son la memoria, la atención y la creatividad.
Esta última tiene un rol fundamental en la persona que baila. Es decir, el hecho de marcar una rutina de pasos, secuenciación, coordinación de movimientos y balance entre la melodía y la música, encontrando el equilibrio preciso para lograr expresar adecuadamente lo que siente, es un proceso complejo y de gran imaginación.
Adicionalmente, la percepción es un elemento que también se activa para que logremos interpretar esta conducta que se basa en la comunicación no verbal y los gestos.
Bases neuropsicológicas de la danza
La organización de los movimientos que vamos a ejecutar mientras bailamos son coordinados por la corteza frontal y las áreas subcorticales. Asimismo, necesitamos del desarrollo de habilidades y la activación de algunos procesos más complejos que nos permitan activar el esquema corporal. Entre las bases neuropsicológicas de la danza encontramos algunas como:
- Propiocepción: Por medio de receptores nerviosos, somos capaces de reconocer las nociones de nuestro propio cuerpo. La información se envía a la corteza sensorial en el lóbulo parietal para generar el esquema corporal.
- Planeación y ejecución de movimiento: Desde el lóbulo parietal se envía información hacia el lóbulo frontal, permitiendo una comunicación dinámica entre los sistemas motores y las áreas propioceptivas. Es así como se informa al cerebro sobre la ocupación y movimientos que estamos realizando.
- Cerebelo: Recibe la información propioceptiva, de movimiento y del oído interno (encargado del equilibrio interno). En consecuencia, la integra para coordinar movimientos complejos para una mejor ejecución.
- Sistema vestibular: Nos permite ubicarnos de forma temporo-espacial mientras se realizan los movimientos.
- Sentidos sensoriales: Nos provee de la información del entorno y los músculos.
- Sistema límbico: Coordina y da paso a las respuestas emocionales que presentamos al escuchar la música.
En resumen, todas las estructuras cerebrales y sistemas involucrados permiten al bailarín:
- Medir el momento y sincronización del tiempo para acoplarse al ritmo de la melodía.
- Acoplar procesos de aprendizaje, percepción y memoria para aplicarlos en el baile.
- Dar paso a imágenes mentales del movimiento que permiten su optimización.
- Poner en acción los sustratos neuronales para la ejecución del movimiento.
- Aplicar principios estéticos y de expresión para crear movimientos artísticos deliberadamente.
La danza: el lenguaje del cuerpo
Por otros estudios anteriores sabemos que la estimulación magnética transcraneal sobre el vermis cerebeloso (que conecta los hemisferios izquierdo y derecho del cerebelo) aumenta también la sincronización de ondas theta.
¿Qué es la “terapia de baile”?
La terapia de baile o movimiento es el uso psicoterapéutico de la danza y el movimiento como apoyo a las funciones intelectuales, emocionales y motoras del cuerpo. Es una forma de terapia expresiva que trabaja sobre la asociación entre el movimiento y la emoción.
De esta manera, el terapeuta utiliza la danza para ayudar a su cliente a conseguir una integración cognitiva, emocional, física e incluso social. Los beneficios comprobados son muchos. La reducción del estrés, un mejor manejo de los estados de ánimo o la mejora de la autoestima son algunos de ellos.
La terapia de danza es diferente al baile regular
La danza realizada en terapia es mucho más que un simple ejercicio. Los movimientos y la fluidez se interpretan como un lenguaje. Los movimientos comunican sentimientos y el terapeuta evalúa el lenguaje corporal, las expresiones emocionales y en general los comportamientos no verbales.
Algunas de las intervenciones en la terapia de baile son la de emparejar el baile con alguien más y hacer de eco para los movimientos de otra persona a modo de espejo. También se utilizan metáforas de movimiento para expresar un desafío o un logro.
Durante el proceso de terapia de danza hay importantes habilidades que se pueden desarrollar. La confianza en la capacidad de estar presente de manera empática o la habilidad de proporcionar respuestas de manera auténtica y sincera.
Hablar a través del cuerpo
Nuestros sentimientos y experiencias de vida viven dentro de nuestro cuerpo y pueden haber quedado atrapados en él. El cuerpo puede tener las claves para desbloquear nudos emocionales a niveles profundos. Podemos entenderlo como un proceso que habla a través del cuerpo, que es muy diferente a hablar solo a través de la cabeza.
Conclusión
Hoy, hemos analizado el rol de nuestro cerebro en la danza y las bases neuropsicológicas que nos permiten conocer cómo esta actividad supone la activación de varias estructuras cerebrales. Y es que, bailar implica que desarrollemos una conciencia espacial, sentido de la posición corporal, balance y coordinación.
Bailar es dejar que el cuerpo hable por nosotros, una experiencia enriquecedora desde cualquier perspectiva por donde la miremos. Lejos del tipo de música que optemos por disfrutar, dejarnos llevar es una experiencia creativa, emocional, cognitiva y en definitiva, una experiencia integral, por lo que su práctica constante nos traerá múltiples beneficios.
¡¡Anímate!!, baila unos minutos al día, conecta tu cuerpo y espíritu a tu cerebro, la experiencia es maravillosa.
Por tu éxito y el mío
Martha
Bibliografía
Neuro Class
La mente es maravillosa
Bläsing et.al 2012
Mazui